Uno de los partidos tradicionales severamente castigado en las urnas es la Izquierda Democrática, hasta hace poco, principal expresión de la corriente socialdemócrata en el país. Algunos interpretan que este magro resultado se debe a la fuga de su electorado a las filas de Alianza País; esto es cierto, sin embargo, mirar así las cosas es quedarse en los efectos y no en las causas. Hay quienes, desde sus filas, reconocen contradicciones y problemas internos, claramente identificables en las públicas confrontaciones entre sus cuadros dirigentes. No obstante, lo cierto es que la debacle sufrida por la Izquierda Democrática no es sino el resultado de su sistemática derechización y maridaje con el PSC y la ex DP, hoy Unión Demócrata Cristina -también sepultada en este proceso-;es decir, los pueblos identifican que ha marchado junto a los grupos oligárquicos más recalcitrantes, por ende es corresponsable de la crisis del país, del saqueo de los recursos, del sometimiento y dominación imperialista; cómplice de la corrupción y de la politiquería del reparto y la demagogia.
De los resultados extraoficiales, la ID captaría apenas uno o dos escaños en la Asamblea Constituyente. En Pichincha y Azuay, consideradas sus plazas fuertes, en la práctica ha sido borrada del mapa. En Pichincha, particularmente, constituye un duro y aleccionador golpe porque cuenta con el control de la Alcaldía del Distrito Metropolitano de Quito y otros organismos seccionales en la provincia. Esto significa que Paco Moncayo tiene un desgaste y hay una resistencia a su política neoliberal, a las privatizaciones que ha empujado vía concesiones, como son los casos del Aeropuerto de Quito, de la recolección de basura y su tratamiento, sin que esto signifique brindar un buen servicio, sino más bien, un creciente encarecimiento de los mismos.
La práctica política de la Izquierda Democrática se ha derechizado tanto que no es fácil encontrar el matiz que le diferencie con fuerzas como el PSC, con quien, en los últimos años, ha hecho una santa alianza para repartirse las cuotas de poder, para controlar los diversos organismos del Estado, para aprobar leyes antipopulares, actuando con sus diputados como buenos componedores y aliados de un sector de la banca chulquera, como se ha demostrado claramente a través del comportamiento del diputado Carlos González, por ejemplo.
La elección del 30 de septiembre dejó claro el anhelo de cambio de la mayoría de los ecuatorianos y castigó a los partidos oligárquicos, entre ellos a la ID, sin embargo hay que estar alertas porque no están muertos y, concretamente, esta expresión de la socialdemocracia buscará reencaucharse con la pretensión de recuperar espacios.