
Frente a la solicitud de información enviada por la CAIC (Comisión para la Auditoría del Crédito Público) a diversas instancias del gobierno, una de las respuestas que más extrañeza y preocupación causó fue la emitida por la Junta de Defensa Nacional que, palabras más, palabras menos dijo: no tenemos registro alguno de haber recibido valores provenientes de la deuda externa.
La Comisión pudo determinar la falsedad de esa afirmación. En documentos encontrados en los archivos del Banco Central se concluye que más de un millón de dólares provenientes de la deuda externa fueron manejados en esta instancia en época de la Junta militar. Estos rubros, como en otros casos, estuvieron envueltos en una telaraña de secretismo, corrupción y olvido. Se debe recordar que gran parte de los rubros de la deuda externa ecuatoriana tuvieron como finalidad la “defensa nacional”, pero, al parecer quienes tuvieron como consigna defender el honor nacional, al momento de tener los contratos en sus manos, prefirieron el enriquecimiento personal.
Para ejemplificar basta señalar uno de los últimos contratos de armas en el que se compró a una empresa rusa, entre otros armamentos, cerca de 700 misiles, de los cuales solo llegaron 28, perjudicando al Estado en más de tres millones de dólares.
Historias como esta son comunes, dan mucho que pensar respecto a las implicaciones cuando se analiza su conformación. Está presidida por el Presidente de la República, los ministros de Relaciones Exteriores, de Defensa y Finanzas, el Arzobispo de Quito, el Contralor General del Estado, el titular de la Función Legislativa, el Jefe del Comando Conjunto de las FFAA, los comandantes de cada fuerza, entre otros. Que, en el mejor de los casos, dejaron hacer, se hicieron de la vista gorda y, seguramente, del bolsillo profundo.
A las críticas de corrupción se unen las referidas a su anacronismo pues ya no corresponde a las necesidades administrativas actuales, por ello desde la presidencia se propone su desaparición, según se puede desprender de un decreto por emitirse.
Las “tradiciones” de defensa nacional que se aprestan a defender muchos militares y grandes medios de comunicación tienen como telón de fondo una serie de maniobras que han llenado los bolsillos de unos cuantos a título de defensa del honor nacional, pero lo que en realidad han hecho es mancillarlo, lo han traicionado.
La tradición que se defiende es la de mantel blanco, cenas de lujo, turismo pagado por fondos estatales, hoteles cinco estrellas, contratos y acuerdos bajo la mesa y jugosísismas comisiones que terminó pagando el pueblo ecuatoriano. El honor lo defendieron los soldados de apellidos “runas” que entregaron su sangre y vida en los campos de batalla y que hoy ellos y sus familias se debaten en la pobreza, pues esa misma Junta poco o nada hizo por entregarles una pensión digna.
Se equivocan quienes sostienen que, además de la tradición, instituciones como la Junta de Defensa Nacional responden a la “estrategia y táctica” de la seguridad del Estado, pues, ninguno puede sustentar su democracia, ni siquiera la democracia representativa del capitalismo, sobre la base de instituciones que no cumplen con su cometido. Más allá que la seguridad del Estado de la cual hablan les preocupa la seguridad burguesa que les garantiza su modo de vida, a costa del sacrificio del resto de la población.
La Junta de Defensa Nacional debe desaparecer y ser reemplazada por un organismo técnico y sobre todo comprometido con los intereses nacionales. Pero esta decisión no debe cerrar la puerta a que los desaguizados que allí se dieron por décadas sean investigados. Por ello paso previo a su cierre debe ser la instauración de los respectivos juicios a quienes en su momento la mal dirigieron.