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Enfrentamos a una camarilla corrupta e inescrupulosa

Viernes 7 de abril de 2017

A más del descarado fraude cometido por el correísmo en las elecciones del pasado 2 de abril, este proceso electoral afirma algunos hechos que ya eran de dominio de la población y abre también elementos nuevos que deben ser tomados en consideración.

El Ecuador es escenario de una marcada y encendida polarización política entre partidarios y opositores al correísmo, impronta que marcará el desenvolvimiento político del país en los años venideros, independientemente de hacia dónde se incline el desenlace de la crisis política que estos días se vive por la fraudulenta oficialización de Lenín Moreno como presidente. La población tomó entusiasta partido por una un otra candidatura y ese escepticismo característico en otros procesos electorales prácticamente estuvo ausente, evidenciando la preocupación y el interés de los ecuatorianos por el futuro del país.

Los hechos han demostrado que el llamado al voto nulo, pregonado principalmente por pseudo izquierdistas –muchos de ellos cubiertamente al servicio del correísmo- no tuvo eco y, sobre todo, era una postura política que favorecía a la candidatura que ahora ilegalmente se arroga la presidencia.

Poco más de la mitad de la población expresó su repudio al gobierno y al continuismo correísta, hecho que de por sí expresa el nivel de descontento existente en la población frente a un gobierno autoritario, que, como tal, ahora busca pisotear ese pronunciamiento mayoritario de los ecuatorianos. El pronunciamiento en las urnas es la continuación de la lucha de los trabajadores y los pueblos del Ecuador desarrollada durante estos años en las calles en contra del correísmo con el grito ¡Fuera Correa, fuera!

De imponerse la voluntad del correísmo, contra lo cual hay una gran movilización de masas en varias provincias, el gobierno de Lenín Moreno nacería impuesto por el autoritarismo de la camarilla burguesa que gobierna el país, por ende deslegitimado y débil políticamente, con una oposición dispuesta a desenmascarar y combatir su gestión.

La izquierda revolucionaria junto al movimiento sindical y popular organizado han desarrollado una trascendente lucha política contra una facción burguesa corrupta e inescrupulosa. Y lo hicieron desde posiciones justas, manteniendo la independencia de clase y buscando generar un escenario favorable para continuar la lucha en contra de los dueños del capital.