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Corea

Otro escenario de la disputa inter imperialista

Miércoles 3 de mayo de 2017

Los sucesos que se dan en estos días y que han puesto como escenario las aguas del Pacífico Norte demuestra el desarrollo inexorable del capitalismo hacia la guerra.

Desde hace algunas semanas la tensión en la península de Corea se ha incrementado, amenazas y gesticulaciones militares se han intensificado en las últimas jornadas con maniobras con fuego real y el envío de una significativa flotilla norteamericana a la zona comandada por el portaaviones USS Carl Vinson, misma que de manera sorpresiva se desvió hacia Australia, dan muestra del creciente nerviosismo en la región.

Desde la división de la península en dos países en 1948, la zona ha sido una de las más conflictivas del mundo. Ente 1950 y 1953 se desató la guerra entre las dos coreas, estableciéndose un armisticio fijando la frontera en el paralelo 38. El conflicto fue causado por la política norteamericana de parar el crecimiento de las fuerzas comunistas, que habían triunfado en 1949 en la República de China, y cuya influencia se acrecentaba en la zona norte de Corea.

Tras la firma del armisticio no se ha vuelto a ver un enfrentamiento militar abierto entre los dos países, pero las potencias han implementado su capacidad militar y operativa cerca del paralelo que divide la península. Luego de la desintegración de la URSS, la lucha geopolítica en torno al eje coreano queda en disputa de seis actores en contienda (Rusia, EEUU, China, Japón, Corea del Norte y Corea del Sur), quienes tienen sus propios intereses económicos, políticos y militares.

Como se puede apreciar, esta crisis no sólo es un conflicto político circunscrito a los dos pequeños Estados coreanos situados al norte y al sur del paralelo 38, involucra a las 4 grandes potencias regionales de Asia-Pacífico. Sin embargo, el conflicto se ha intensificado artificialmente por parte de las estrategias de seguridad nacional de cada uno de los actores, al construir una visión geopolítica de choque ineludible. Esta visión tiene dos causas principales: la primera, generada por la industria armamentista que juega al desarrollo de tecnología militar y su venta con el pretexto de mantener el equilibrio de la región; por otro lado, la escalada temporal de tensiones puede obedecer a cuestiones relacionadas con la política interna de los países involucrados, que miran como mecanismos de eludir sus temas locales el avivar el fantasma de un enemigo exterior.

Sea cual fuere la intensión principal, lo cierto es que los jerarcas de los países imperialistas con influencia en el Pacífico buscan mantener este centro de tensión y limitan cualquier forma de solución política definitiva al conflicto, ya que en términos de estrategia política-económica parece que resulta más rentable mantener el contencioso en estado latente, con picos puntuales de tensión. Lo que está claro, es que los pueblos coreanos llevan años sufriendo las consecuencias de un proyecto geopolítico que les sitúa como un goloso pastel a repartir entre grandes depredadores, tal como reza un antiguo proverbio del país: cuando dos ballenas se pelean, los que sufren son los camarones.
Los sucesos que se dan en estos días y que han puesto como escenario las aguas del Pacífico Norte demuestra el desarrollo inexorable del capitalismo hacia la guerra. La disputa de mercados e influencia por parte de las distintas naciones imperialistas llevan en su interior el germen de la conflagración, que por el momento se mantiene localizada en ciertas regiones del globo.