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¿Mano extendida?

Martes 9 de mayo de 2017

Los distintos gobiernos burgueses siempre han hecho llamados al diálogo y la conciliación, con el único propósito de evitar la lucha de las masas y no porque en ellos haya existido un sentido democrático. Este gobierno no es la excepción.

En el curso de los preparativos que al interior del correísmo se efectúan para la transición entre Rafael Correa y Lenín Moreno, el país es testigo de la doble cara que ha caracterizado su comportamiento durante esta década.

Por un lado, Moreno habla de abrir un diálogo social, de respetar la independencia de las funciones del Estado (lo que por sí es ya un reconocimiento de que eso no ha existido), mientras Correa avanza en la estructuración de una legislación orientada a afirmar un régimen de absoluto control social, da órdenes a la Fiscalía y a la Asamblea, continúa insultando a los sectores de oposición... poniendo en claro que el autoritarismo es la esencia del correísmo.

Los llamados al diálogo y el ofrecimiento de una política de “mano extendida” obedecen a las graves circunstancias económicas y políticas que rodean el inicio de su gestión presidencial. Busca superar el signo de ilegitimidad que marca su asunción, recuperar algo de apoyo entre ese 50% de ecuatorianos que no votaron por él y neutralizar la acción del movimiento popular organizado y de las masas en general que se disponen a exigir el cumplimiento de lo ofrecido durante la campaña electoral. Aspecto último -los ofrecimientos demagógicos- que sabe es prácticamente imposible cumplir debido a la grave situación económica del país.

Los distintos gobiernos burgueses siempre han hecho llamados al diálogo y la conciliación, con el único propósito de evitar la lucha de las masas y no porque en ellos haya existido un sentido democrático. Este gobierno no es la excepción.

El discurso de aparente benevolencia y tono suave no es suficiente, es, sin duda, un instrumento para el engaño. Existen problemas como el desempleo y subempleo, los miles de jóvenes sin acceso a la universidad, la restricción y hasta eliminación de derechos a los trabajadores y el pueblo, el abultado endeudamiento externo, entre muchos otros, que necesitan una solución urgente desde posiciones que precautelen los intereses populares.

Moreno hizo muchos ofrecimientos durante su campaña: debe iniciar su cumplimiento; si se niega, el pueblo debe obligarlo con su acción en las calles.