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Luchar por la vida es luchar contra el sistema

Martes 11 de julio de 2017

La lucha contra la violencia machista es una bandera del movimiento de mujeres, que puede ser cooptado por los sectores dominantes, para quitar su esencia cuestionadora al sistema. La lucha contra la violencia no puede dejar de ser un combate contra la desigualdad y la explotación

La muerte de mujeres por el hecho de ser mujeres es un fenómenos que se da en nuestras sociedades desde hace decenas de años. Desde comienzos del siglo XIX se conoció este fenómeno inicialmente bajo el término inglés femicide, Diana Russell lo utilizó en 1976 ante el Tribunal Internacional de los Crímenes contra la Mujer. En latinoamérica se inicia a identificar estos hechos a partir de la segunda mitad de la década de 1990, en el marco de las revelaciones sobre impunidad en los asesinatos de mujeres de Ciudad Juárez en México.

En 2014, la Asamblea Nacional del Ecuador estableció el tipo penal denominado Feminicidio en el artículo 141 del Código Orgánico Integral Penal, que señala: "Artículo 141.- Feminicidio. La persona que como resultado de relaciones de poder manifestadas en cualquier tipo de violencia de muerte a una mujer por el hecho de serlo o por su condición de género, será sancionada con pena privativa de libertad de veintidós a veintiséis años."

El fin de establecer este delito, a diferencia del homicidio, es político, pues reconoce y visibiliza la discriminación, la desigualdad y la violencia sistemática contra la mujer que, en su forma más extrema, culmina en la muerte.

Según la definición de Russell, el “femicidio” se aplica a todas las formas de asesinato sexista, es decir, “los asesinatos realizados por varones motivados por un sentido de tener derecho a ello o superioridad sobre las mujeres, por placer o deseos sádicos hacia ellas, o por la suposición de propiedad sobre las mujeres”.

El estudio pionero sobre femicidio en el Ecuador se realizó por iniciativa del Municipio de Quito, en 2007, con el título “Femicidio o el riesgo mortal de ser mujer”. “En el período estudiado, del año 2000 al 2006, se ha registrado 1831 muertes violentas de las mujeres, los homicidios corresponden al 11,14% del total. Al realizar un análisis de las circunstancias de las mujeres y las relaciones entre la víctima y el homicida, se evidencia que del total de homicidios, 82 fueron femicidios, lo que corresponde al 41% de las muertes violentas de mujeres, es decir, que la violencia extrema de género es la causa de la mitad de estas muertes”.

La fundación Surkuna y la plataforma Vivas Nos Queremos señalan que de enero a junio del 2017 en Ecuador se registran 67 muertes violentas de mujeres. Además, la Comisión Ecuménica de los Derechos Humanos aseguró que entre enero y noviembre del 2016 existieron 80 femicidios en 16 provincias.

El incremento de las cifras se da por el creciente accionar de violencia contra las mujeres aupado por un Estado capitalista que poco o nada ha hecho para impedir esto. Según estudios realizado por la propia Prefectura de Pichincha señalan que un 69% de mujeres que viven en la provincia han sido víctimas de violencia alguna vez a lo largo de su vida. Un 48% ha sufrido violencia psicológica, el 29% violencia física, el 14% sexual y el 6% administrativa.

La lucha contra la violencia machista es una bandera del movimiento de mujeres, que puede ser cooptado por los sectores dominantes, para quitar su esencia cuestionadora al sistema. La lucha contra la violencia no puede dejar de ser un combate contra la desigualdad y la explotación, pues una sociedad sin violencia contra las mujeres es una sociedad sin desigualdad ni discriminación.