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Brasil

Crisis política se agudiza

Martes 18 de julio de 2017

La ilusión de lucha contra la corrupción que intenta crear la justicia brasileña no puede desconocer le esencia de la lucha por espacios de poder que enfrenta a sectores burgueses.

Brasil enfrenta una de sus peores crisis políticas desde la caída de Collor de Melo en 1992. Hace 14 meses fue destituida la presidenta Dilma, su sucesor tambalea acusado de aceptar sobornos y el ex presidente Lula fue condenado a casi 10 años de cárcel por corrupción.

Las investigaciones judiciales contra Temer, así como la sentencia contra Lula publicada por el juez Sérgio Moro, no pueden ser analizadas fuera de este conflicto político que enfrenta por un lado a los sectores cercanos al PT que buscan regresar al gobierno en el 2018; por el otro, los sectores de derecha y socialdemócratas que con Temer en la presidencia se han fortalecido y comienzan a desmontar varias conquistas sociales alcanzadas en estos años.

La sentencia contra Lula se da en momentos en que la lucha obrera retomo las calles, miles de trabajadores y trabajadoras se han opuesto a la reforma laboral impulsada por Temer, misma que pretende reformar el sistema de pensiones, aumentar la edad de jubilación; debilitando el sistema público de pensiones y aumentando la vulnerabilidad social. Por otra parte la reforma pretende extender la jornada laboral, estableciendo legalmente que se puede llegar a trabajar hasta doce horas por día, con un máximo de 48 horas semanales. En tercer lugar, la extensión de la precariedad laboral al permitir contratos temporales más largos, pasando del máximo actual de 90 días a 120.

Mientras esto ocurre, las instancias judiciales actúan con otro rasero en el caso de las denuncias hechas por el empresario cárnico Joesley Batista, quien colabora con la justicia en investigaciones de corrupción, y confesó que el grupo JBS paga sobornos al presidente de Brasil, Michel Temer, desde el 2010.

Los jueces, fiscales y servidores judiciales representan los intereses de las clases dominantes en pugna hoy en Brasil. El accionar que han desarrollado estos operadores frente al descrédito y la impopularidad de la Presidencia de la República y del Congreso Nacional, ha ganado fuerza y amplio apoyo popular; pese a los ataques a los derechos de los trabajadores que el propio Tribunal Supremo Federal del Brasil ha protagonizado en decisiones que han flexibilizado el derecho a la huelga y la jornada de trabajo.

La ilusión de lucha contra la corrupción que intenta crear la justicia brasileña no puede desconocer le esencia de la lucha por espacios de poder que enfrenta a sectores burgueses y que tienen hoy a la institución judicial como principal ariete de este tira y afloja.

En conclusión, la crisis política del Brasil se caracteriza por una disputa entre dos facciones de las clases dominantes, ambas corruptas y antipopulares; mientras que los trabajadores y pueblos luchan por mantener sus conquistas.