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¡Hechos y no palabras!

Martes 25 de julio de 2017

Hay una serie de problemas y demandas populares que requieren una respuesta y una solución urgente, todas ellas provocadas por el mismo correísmo en el curso de una década.

Para la burguesía en el poder es vital encontrar los medios que le aseguren la mayor estabilidad posible en su ejercicio gubernamental para dar continuidad al sistema capitalista imperante. Por ello, los gobiernos de la burguesía tienen varias caras… o mejor dicho diversas caretas, porque el rostro de todos ellos es el de la dictadura de la clase burguesa.

Entre la represión abierta y brutal y la cohesión ideológico-política se hallan esos mecanismos de los que se valen las clases dominantes para mantener el control social, a fin de impedir que el descontento de las masas se desborde en circunstancias en que el deseo de que las cosas cambien ganan sus sentimientos y consciencia.

El correísmo, en tanto expresión política de la burguesía, experimenta ese juego múltiple de conductas políticas. Durante su administración, Rafael Correa puso énfasis en las acciones represivas, que junto a una intensa ofensiva ideológico-política le permitieron afectar la consciencia de los trabajadores y el pueblo, sus formas organizativas y niveles de lucha; ahora, el Gobierno de Lenín Moreno, con los mismos propósitos políticos, intenta presentar la cara de la conciliación, del diálogo, de las libertades democráticas. Esta careta puede ser aún más peligrosa porque genera condiciones para que las masas populares sean presa del discurso conciliador, adulador, pero no sincero.

Los trabajadores y el pueblo ecuatorianos han enfrentado en el pasado regímenes que han intentado convencer con discursos, mientras sus acciones se han dirigido en sentido contrario.

¡Hechos y no palabras! es la exigencia popular. Hay una serie de problemas y demandas populares que requieren una respuesta y una solución urgente, todas ellas provocadas por el mismo correísmo en el curso de una década. No basta con denunciar esos problemas, es indispensable presionar al régimen, organizar la lucha para que se escuche y atienda esas demandas. Es indispensable fortalecer la unidad de los trabajadores y los pueblos para construir un poderoso frente de lucha que obligue al Gobierno cumplir con el pueblo.