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Alianza PAIS se hunde en el mar de la corrupción

Martes 10 de octubre de 2017

El desenlace de esta crisis interna desembocará no solo en su fraccionamiento orgánico, sino también en la pérdida de ese sitial de “primera fuerza” política del país, que de hecho ahora mismo ya no es.

Una agitada crisis política vive nuevamente Alianza PAIS (AP), sin duda ésta es más compleja que las anteriores porque sigue saliendo a la luz el accionar de 10 años de corrupción, conocida por todos, pero que AP ha pretendido ocultarla.
Entre sus miembros dirigentes vemos a quienes les une el afán de protegerse las espaldas para no caer y ser descubiertos por sus actuaciones irregulares; otros que se sintieron relegados antes y que hoy quieren beber las delicias del poder; mientras un tercer grupo aguarda cómo acomodarse en función de hacia dónde se inclina la balanza. En todo caso, lo común en Alianza PAIS es ese comportamiento corrupto y oportunista.
Pese a los esfuerzos públicos que hacen sus representantes, la pregonada unidad del movimiento no se ve por ningún lado. Por el contrario, tan complicada está la situación que ha repercutido hasta en el normal funcionamiento de la Asamblea Nacional. Tan grande es la preocupación y la discusión de sus problemas internos que los asambleístas oficialistas “no tienen tiempo” para cumplir con su función de legisladores, razón para la que fueron electos y por la que reciben sus sueldos, además han paralizado negligentemente la función legislativa del Ecuador. Hay que recordar que ellos deben preocuparse por ejercer sus funciones para todos los ecuatorianos y no solo para resolver los problemas de su movimiento político.
En el curso de esta crisis se ha producido la designación de Alejandra Vicuña -a través de decreto presidencial- como Vicepresidenta interina, luego de la prisión preventiva a Jorge Glas. El nombramiento aparece como una jugada impulsada por Lenín Moreno con el propósito de aislar y golpear a los sectores que más se identifican y defienden las posiciones de Rafael Correa, y forzar que otros -en medio de obvias negocianciones políticas- se alejen del sector que hoy se muestra defensor de Glas y Rafael Correa. Moreno se guía por el criterio de “divide y reinarás”.
Vicuña, actual ministra de Vivienda, proviene de las fuerzas aliadas de AP, es “bolivariana alfarista”, con larga trayectoria en el gobierno de Correa, tiempo en el que ha demostrado una conducta autoritaria, prepotente y persecutoria. Estuvo involucrada en la publicación de correos y vídeos privados con la finalidad de criminalizar a sectores de oposición. Cooptarla como Vicepresidenta le permite a Moreno ganar más aliados y afirmarse en ese sector de AP que está en disputa interna.
Todo indica que el desenlace de esta crisis que afecta a AP desembocará no solamente en el desprendimiento orgánico de un significativo sector que, con la conformación de una nueva agrupación que los cobije, intente limpiarse de los actos de corrupción y autoritarismo que caracterizaron la gestión de Rafael Correa y su banda, sino en la pérdida de ese “sitial” pregonado por AP como la primera fuerza política del país. De hecho, ahora ya no lo es y la tendencia es un mayor desprestigio y desmoronamiento.